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Poeta, periodista y político nacido en Ocaña, mayo 5 de 1817 - Santa Marta, enero 28 de 1853 (Santiago Cárdenas. Fotografía de Ernesto Monsalve, 1994).

 

"Es tanto lo que se ha escrito, y tan completo, y por plumas tan eminentes, sobre don José Eusebio Caro- preclara figura de la patria (...) que resultaría presunción inexplicable de nuestra parte pretender decir algo de él" (Osorio).

 

Tres aspectos interesantes en la personalidad y obra de José Eusebio Caro son el poeta, el político y polemista, y el pensador. Una de las grandes virtudes del poeta fue su capacidad para introducir en sus versos de corte romántico, la reflexión. Hay en ellos una ambivalencia lírico-fllosófica que sorprende. Demostró ser un gran filósofo en sus composiciones en verso y en sus ensayos en prosa. Pero en él la filosofía nace más del corazón que de la inteligencia.

 

Fueron sus padres: José Antonio Caro, militar realista de origen santafereño, e hijo de españoles; y de doña Nicolasa Ibáñez, hija del Dr. Miguel Ibáñez, Oficial Real y juez.

 

Simón Bolívar, a instancias de Nicolasa, libera al soldado español, e incluso a solicitud de los novios les apadrina en el matrimonio que se realiza en Ocaña, el 16 de marzo de 1813. De esta unión matrimonial, el segundo de los hijos es José Eusebio Caro (Páez T.).

 

Y por motivos de la guerra de la independencia, su familia se traslada a Santa Fe de Bogotá; por lo anterior, José Eusebio fue llevado con escasos dos años a la capital del territorio granadino.

 

Caro estudió en el Colegio de San Bartolomé, donde también cursó jurisprudencia, aunque nunca llegó a doctorarse por su precoz ingreso en las controversias políticas de la época. Ocupó cargos subalternos en el Ministerio de Hacienda y en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

 

En 1836 fundó, con José Joaquín Ortiz y otros, el semanario La Estrella Nacional, en el cual publicó sus primeras poesías y ensayos comprometidos con la realidad social y política del país. En 1840 se alistó en las fuerzas del gobierno para luchar por dos años en la guerra civil que se desató en aquella época debido a querellas políticas.

 

Durante el mismo tiempo redactó su periódico El Granadino, de filiación conservadora, el cual sobrevivió hasta 1845; allí publicó artículos que desataron polémica en los círculos políticos por los ataques ideológicos que hacía a los liberales.

 

En 1843 fue diputado al Congreso por el partido conservador. En 1848 fue ministro encargado de Hacienda. En 1849 publicó, con Mariano Ospina Rodríguez, el semanario La Civilización, el cual sostuvieron hasta 1851. Esta publicación se caracterizó por la oposición al gobierno de entonces, en cabeza de José Hilario López. Pero fue realmente el ataque que hizo, en términos apasionados y desmedidos, contra el gobernador de Cundinamarca, el que le ocasionó una condena a prisión. Caro se enteró a tiempo y huyó del país en 1850, a través de los Llanos Orientales. Una vez fuera, viajó a Nueva York, donde permaneció dos años.

 

José Eusebio Caro perteneció a la generación posterior a la Independencia. Las comunicaciones por ese entonces eran lentas y no fue posible que su obra poética tuviera el despliegue que merecía, a nivel nacional y de América. Ello es mucho más lamentable si se considera que Caro fue uno de los primeros románticos que tuvo América Latina durante el siglo XIX. Por eso no se entiende que durante años hubiera sido tan poco conocido y que su obra hubiera sido publicada mucho después de su muerte.

 

Caro fue orador, prosista, periodista, crítico, polemista, ensayista, poeta y pensador. Sobresalió en la prosa por el gran estilo literario que cultivó y la agudeza filosófica con la que enfocaba los temas.

 

La carta Sobre la frivolidad, se puede tomar como una muestra de ello. y fue colaborador de El Amigo del Pueblo, El Águila de Júpiter, El Conservador, La República y El Nacional. En todos estos periódicos siempre sobresalió por su pluma ágil, sobria, vigorosa y polémica, atravesada por la actividad política.

 

Caro fue un crítico y ensayista profundo, con un amplio conocimiento del lenguaje que le permitía ser castizo y exigente en el uso de las palabras. En su obra poética fue extraordinario cantor del amor, la melancolía y la patria. Sobresalió como autor de una poesía rítmica, hermosa, llena de grandes ideas, hecha con romanticismo puro; en su obra se aprecia algo del estilo neoclásico que le antecedió, y se prevé el futuro modernismo. Así lo prueban los metros endecasílabos que usó en algunos de sus poemas, los cuales serían una de las características de este movimiento; por eso Caro ha sido visto como el precursor de la lírica modernista. Un ejemplo para corroborar esto último sería el poema Estar contigo.

 

Caro fue hombre apasionado y reflexivo, y su poesía participa de estos atributos. Ella enfoca, desde el punto de vista trascendental, grandes problemas humanos, pero sabe revestir la expresión de imágenes vivas y atrevidas que le quitan a su poesía todo aire de abstracción mental. Tras lo etéreo, está presente la emoción real y sentida. Si el fondo de su pensamiento puede pecar de frío, la expresión es siempre cálida y apasionada.

 

Los temas de su poesía fueron variados, dentro de una propuesta romántica. Dejó poemas tiernos, íntimos y amorosos; poemas con sabor a ausencia y lejanía, suspirantes y pletóricos de lamentaciones. Son célebres Héctor, Una lágrima de felicidad, El pobre, Estar contigo, En boca del último inca. El hacha del proscrito, Despedida de la Patria, La hamaca del destierro, Proposición de matrimonio y bendición nupcial, El alta mar (su poema lírico por excelencia), y La libertad y el socialismo (una muestra de poesía política dictada ante todo por el filósofo y no por el poeta).

 

Los temas recurrentes de su obra fueron Dios, la mujer, la muerte y la naturaleza, a los cuales supo arrancar nuevas sonoridades y combinaciones con temas afines, hasta erigirlos en símbolos. Recibió la influencia de Lord Byron, a quien reconoció en sus escritos y públicamente como su maestro.

 

Pero José Eusebio Caro no sólo fue poeta y filósofo, sino también hombre de ciencia, si se toman como tales sus estudios sobre la naturaleza, que dejó incompletos. En cuanto al político, sus artículos en El Granadino y La Civilización son ejemplo de la mejor literatura política del siglo XIX, acerba y despiadada. Ella fue la causante de que su vida entera fuera una tragedia política, pero fue la mejor prosa que escribió. El filósofo estuvo en él desde muy temprana edad. A los 20 años comenzó a escribir su obra Filosofía del cristianismo, pero sólo compuso algunos capítulos en los que se nota una marcada influencia del positivismo, irradiado a partir de las teorías de Augusto Comte y del utilitarismo planteado por Jeremías Bentham. Su esfuerzo en este campo se dirigió a integrar el cristianismo con la ciencia, donde prevalecía el sincretismo entre progreso y religión. Pero esta visión científica alrededor de la religión, tomó un giro contrario pocos años después. Se considera que en tal decisión influyó su padre, Francisco Javier Caro, y su amigo José Joaquín Ortiz. Su actitud desde entonces fue mística y conservadora, se volvió el vocero de la reacción católica al estilo de Balmes y De Maistre.

 

Además de sus obras ensayísticas, sus tesis socio-políticas fueron expuestas en dos importantes ensayos denominados Carta al señor José Rafael Mosquera sobre los principios generales de organización social que conviene adoptar en la nueva Constitución de la República, publicado en El Granadino en 1842. El segundo ensayo, más moderado en el título, fue El partido conservador y su nombre, publicado en La Civilización en 1847. También merece mencionarse entre sus artículos políticos de largo título, el denominado Carta al doctor Joaquín Mosquera, sobre el principio utilitario enseñado como teoría moral en nuestros colegios, y sobre la relación que hay entre las doctrinas y las costumbres, en el cual ya era evidente el giro ideológico que había tomado, pues se constituyó en la refutación de las tesis utilitaristas de Bentham, las mismas que antes había tratado de conciliar con la religión. El cambio ideológico sufrido por Caro se observa ante todo en los fragmentos que dejó de la obra Ciencia social, la cual interrumpió debido al inesperado viaje a Estados Unidos. Se observa en este texto el gran saber enciclopédico y la mente organizada que tenía. El pensador se hace presente con todo su bagaje cultural para defender los valores políticos y religiosos que heredó y asimiló a través de su familia.

 

Las poesías de Caro fueron recopiladas y publicadas en Bogotá, en 1857, por su amigo José Joaquín Ortiz. En 1885 fueron reeditadas en Madrid, con lo cual comenzó a tener el alcance universal que merecía. Sus poemas diseminados en periódicos nunca habían tenido la difusión deseada. Pero finalmente en 1883, los redactores de El Tradicionista, periódico fundado por su hijo Miguel Antonio, quien sería después vicepresidente de la República, se dieron a la tarea de ordenar la producción de Caro y la titularon Obras escogidas en prosa y verso. Esta recopilación se volvió a editar de nuevo en 1951, como un homenaje de la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, pero con el título Antología, versos y prosas. A su vez, el Ministerio de Educación, a través de su Extensión Cultural, publicó en 1953 el Epistolario del poeta y en 1954, sus Escrítos filosóficos. Estas ediciones estuvieron bajo la supervisión de Simón Aljure Chalela.

 

Pasaron casi cien años para que la obra de Caro tomara la forma de libro y dejara de ser condenada a los archivos periodísticos de consulta restringida. Pero quizás el mayor tributo que se le ha ofrecido a este poeta, para la interpretación de su obra, fue el estudio titulado La poesía de José Eusebio Caro, del profesor puertorriqueño José Luis Martín, que el Instituto Caro y Cuervo publicó en 1966.

 

A raíz de sus agresiones políticas, usando para ello su prosa mordaz, Caro debió permanecer en Nueva York desde 1850 hasta fines de 1852. A1 regresar al país, lo hizo a través de Santa Marta y la fiebre amarilla lo mató, el 28 de enero de 1853, cuando apenas contaba con 36 años de edad. Caro escribió, además, La necesidad de expansión, La cuestión moral, Historia del 7 de marzo de 1849, Escritos históricos y políticos y Opúsculos.

 

José Eusebio sólo vivió dos años de su niñez en su ciudad natal, y volvió a ella en 1841 cuando tenía 24 años. Caro era Secretario de Hacienda de la Nación, pero decidió apoyar las fuerzas del general Pedro Alcántara Herrán y marchar a Ocaña, a favor de las ideas conservadoras, partido del cual es cofundador con el Dr. Mariano Ospina Rodríguez.

 

José Eusebio Caro, murió muy joven, pues sólo vivió 36 años; pero para gloria de la Nación, se proyectó en su hijo el Dr. Miguel Antonio Caro Tobar, (1843 - 1909) poeta, gramático, filósofo, teólogo, legista, crítico y maestro. Presidente de Colombia en el periodo (1894 - 1898)

 

 

Fuentes

 

ALJURE CHALELA, Simón. Bibliografía de José Eusebio Caro. Poesía. Boletín Cultural y Bibliográfico, 19/4 (1982), pp. 146-157. CÁRDENAS, Santiago. José Eusebio Caro. La Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías. Disponible en Internet en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/carojose.htm. 05 de marzo de 2008. CARO, José Eusebio. Poesías completas. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, s.f.

--, --. Ensayos históricos y políticos. Edición Simón Aljure Chalela. Bogotá, Fondo Cultural Cafetero, 1981.
CARO, Miguel Antonio. José Eusebio Caro. En: Estudios de crítica literaria y gramatical. Bogotá, Imprenta Nacional, 1955.
CARRANZA, Eduardo. Primer diseño para un retrato de José. E. Caro. Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. v, N° 5 (mayo 1962), pp. 530-533.
JIMÉNEZ, David. José Eusebio Caro. En: Historia de la poesía colombiana. Bogotá, Ediciones Casa Silva, 1991, pp. 128-136.

JOYAS DE LA LITERATURA COLOMBIANA, poemario de José Eusebio Caro, con prólogo de Germán Arciniegas, Círculo de lectores, 233 páginas, Bogotá, 1986.

MARTÍN, José Luis. La poesía de José Eusebio Caro. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1966.

OSORIO QUINTERO, Ciro A. El Valle de los Hacaritamas.

PÁEZ TÉLLEZ, Gabriel Ángel. La Ocañeridad y La Cultura Editorial (Boletín 21). 25 de septiembre de 2007. Disponible en Internet en: http://www.ciudadocana.com/secciones.php?seccion=art_maga&id=114. Consultado el 20 de marzo de 2008.