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El jueves 1 de septiembre, hacia las tres de la tarde, recibimos la infausta noticia del fallecimiento del profesor Francisco López Erazo. Junto con quien esto escribe, decenas de ex alumnos del profesor “Pacho” López, amigos y familiares, sentimos honda congoja. Se acababa de ir para siempre uno de los maestros más destacados y apreciados de Ocaña durante los últimos 50 años. Nacido en Pasto, por allá en 1924, hizo estudios en la Normal Superior de su ciudad natal y llegó a Ocaña a desempeñarse como profesor del Colegio Nacional de José Eusebio Caro. Quienes fuimos sus alumnos de Física en las décadas de 1960 y 1970, le recordamos por su don de gentes, su capacidad de compromiso para con la profesión que ejerció pulcra y cariñosamente, y por su carácter afable y comprensivo.

No creo que hubiese tenido, durante su vida, ni enemigos ni malquerientes. Un hombre con esa fuerza espiritual y ese acervo de conocimientos cuya única misión en la vida fue la de servir a los demás, no puede generar sino afecto, cariño, amor y reconocimiento.

Ejemplo de vida fue el profesor López y ese es el gran legado que deja a sus familiares, en especial a Yolanda y Amparito, a quienes tuvimos el privilegio de ser sus alumnos y amigos y a la sociedad ocañera que tánto necesita seres de este talante moral e intelectual. Junto con Francisco López Erazo, ahora que los dos están juntos en el infinito, hemos de mencionar al profesor Alberto Amaya, su amigo y compañero de profesión y de dimensión humana.

Ambos, recordamos ahora, nos alentaron para ingresar al Centro Científico “Albert Einstein” que fue el epicentro de la actividad intelectual desde la segunda década de 1950, como bien lo anotan el destacado Químico de la UIS, Edgar Alberto Páez Mozo en sus crónicas sobre el Colegio Caro publicadas en la edición Nº 277 de la Revista Hacaritama (abril 2011), el doctor Néstor Gabriel Núñez, el Especialista Pedro A. Santana Barbosa y otros ilustres ex alumnos caristas. El Dr. Núñez señala que el “profesor Francisco López de Física y Matemáticas, siempre serio, siempre justo. Hacía que la Física y las Matemáticas fueran fáciles. Fui a verle en Ocaña en 1972, el encuentro fue cortés y al saber que estaba trabajando en la Universidad de Cornell, me pidió que diera una charla a sus alumnos al día siguiente, para estimularlos en su interés por la ciencia, a los que accedí con mucho gusto”.

El sábado 3 de septiembre, a las cuatro de la tarde, la catedral de Santa Ana se colmó de personas que iban a darle al profesor Francisco López Erazo el postrer adiós.

Las directivas del Colegio Caro hicieron conocer una Resolución de duelo y uno de los docentes llevó a cabo una sentida intervención, resaltando la vida del profesor López y su inolvidable paso por el máximo centro de educación secundaria de Ocaña. Llanto en los familiares del profesor López y tristeza en los rostros de la multitud de profesionales, estudiantes, comerciantes, cultores, docentes y amigos ocañeros y no ocañeros.

Culminado el oficio religioso, el cortejo fúnebre se dirigió al Cementerio Central. Ahora, Pacho López está con su querida esposa, la Nena Arévalo y con sus ancestros nariñenses. Recibió en vida varios reconocimientos, el último hecho por FUNENPO, en el Club Ocaña el pasado año. Llevan su nombre, el laboratorio de Física del Colegio Caro y una de las Salas de la empresa ESPO S.A. Siempre le recordaremos con cariño y agradecimiento por lo mucho que hizo por los jóvenes de la región de Ocaña y el sur del Cesar durante toda una vida dedicada al magisterio.

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Luis Eduardo Páez García

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